Los temores son señales de alerta que te sirven para protegerte frente a situaciones que sean potencialmente peligrosas para ti. El temor hace que prestes atención a los acontecimientos y puedas actuar para protegerte. Pero si sueles sentir temores infundados o desproporcionados, que no responden a ninguna amenaza del medio sino a elementos de tu imaginación, o si esos temores toman un matiz destructivo o inhiben tus conductas cotidianas, entonces considera estas estrategias para superarlos.
Cuando sientas un temor, reconócelo y acéptalo. Negarte a ti mismo que estás atemorizado sólo te servirá para aumentar tu inseguridad en la resolución de la situación y por lo tanto, aumentará tu temor.
No disimules ni finjas que eres fuerte y no sientes temor a nada. Sólo derrocharás la energía que dispones para superarlo. Recuerda que ser temeroso o temerario son las dos caras de una misma moneda.
Pregúntate de manera calma, y previamente a realizar una acción o de enfrentar un hecho temible, acerca del grado de riesgo efectivo que puedes tener.
Si no logras descartar la sensación de temor, aún cuando puedas reconocerlo como infundado, conversa con una persona de tu confianza y cuéntale acerca de lo que te está sucediendo. Hablar acerca de ello disminuirá la angustia y podrás reflexionar con mayor criterio de realidad.
Cada vez que aparezca el temor, intenta realizar el siguiente ejercicio: Personifica tu temor (intenta de a poco que el personaje sea cada vez menos temible), háblale con tranquilidad y pídele explicaciones: "Dime con claridad qué es lo que me amenaza en esta situación" y reflexiona acerca de lo que te respondas. Repite el ejercicio 3 veces. Verás como las respuestas son cada vez menos temibles!
Si sientes que no puedes controlar el temor y te comienza a limitar tus movimientos en el mundo, recurre a un especialista que pueda ayudarte a elegir un tratamiento adecuado a tu situación.