Exóticos y resistentes, ideales para interior o exterior, los cactus son atractivos por sus formas y colores. A pesar de requerir pocos cuidados, existen algunos secretos para cultivarlos y trasplantarlos.
Los cactus se adaptan a largas sequías utilizando sólo el agua de la niebla o de las lluvias escasas, almacenándolas en sus tallos.
Las espinas les permiten capturar la humedad del aire y el agua de las lluvias.
Son plantas que reclaman poca atención, se destacan por su cultivo sencillo y bajo requerimiento de agua y nutrientes.
En verano necesitan de un cierto grado de humedad para desarrollarse bien.
Si el agua es insuficiente, no crecen adecuadamente, y si se sobrepasa de agua, la planta se enferma.
Riégalos según la estación: en verano, cada tres días; en primavera y otoño, una vez por semana; fin de otoño y principios de primavera, cada quince días, y en invierno, no deben regarse.
Ten en cuenta que el agua para el riego debe tener poco cloro y no estar muy fría.
Una enfermedad común que puede atacar a esta planta es la putrefacción de sus raíces por el excesivo riego invernal y también en verano.
Realiza el trasplante cada 2 ó 3 años en temporada cálida.
Los cactus se reproducen por gajos. El gajo o esqueje es diferente según el tipo de tallo.
Al cortarlo y antes de trasplantarlo es necesario dejar que cicatrice el lugar del corte. Este esqueje se entierra de 2 a 3 mm, en una tierra bien drenada para que no se pudra.
Una vez hecho esto, mantenlo a la sombra y en lugar templado, y evita el riego los primeros días.
Las raíces estarán desarrolladas a los 40 días de trasplantado.
Planta los cactus en una superficie compuesta de turba y tierra.
Utiliza, cuando lo requiera, fertilizantes para cactáceas.
En invierno pueden permanecer en lugares con menor iluminación y retornarlas a sitios iluminados a principios de la primavera.
La temperatura que necesita un cactus en invierno es de 15º C.
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